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Milenarios del Sur, Naturaleza del Cambio

Alerce Costero 2017

Nos despedimos de un altiplano intenso e intuitivo, en el corazón queda la fuerza del sol para entrar al frío y húmedo sur de Chile. Vamos en rumbo a la Reserva Costera Valdiviana, al encuentro con uno de los Alerces más milenarios de Suramérica.

Éste será un largo trayecto y esperamos crear los contenidos para una jornada de artes expresivas basada en una parte especial de la zona centro Sur del Mundo.

Salimos desde Valparaíso, cruzando los Andes hacia Mendoza, para luego continuar hasta la ciudad de Valdivia. Alrededor de dos días de viaje, por lo que nos detuvimos a descansar en la bella y cálida Argentina, donde personas maravillosas facilitaron el camino.

A primera hora de la mañana cruzamos la frontera desde Argentina hacia Chile por el paso Lonquimay, nombre de origen mapundungun o lengua mapuche que significa “Cumbre del Cerro” o “Monte Tupido”, atravesando el túnel Raíces.

La majestuosidad de las blancas montañas trae su primer efecto, el sentir el cuerpo con más peso de lo habitual y ver que estamos ante un escenario en donde la naturaleza es impresionantemente emotiva, ni siquiera fui capaz de bajarme del vehículo. ¿La cámara fotográfica? quién sabe dónde estaría, no tuve fuerza para pensar y sólo pude escuchar a lo lejos la música clásica que mi compañero en esta ruta había puesto en el auto, y contra toda mi voluntad no pude más y cerré los ojos, quizás no tenía que ver con ellos directamente, ya esa entrada daba algunas luces de lo que se venía más adelante.

Nuevamente nos encontrábamos en un territorio de naturaleza sin comparación alguna, una tierra con historia, con lucha, estábamos en Wallmapu y la emoción ya se volvía incontenible.

¿Qué sucede cuando algo nos llama hasta tal punto que tenemos que ir a ese lugar?, ¿Cómo describir a quienes leen esta historia que un árbol te llama sin que alguien piense que ya nos pasamos a un estado de estar sin juicio de realidad?

La sensación de amplitud, de libertad de espacio que podría fácilmente confundirse con un estado de angustia, de respirar un aire tan puro que enfría el cuerpo. Sentir tan de cerca los nutrientes de la vida en selva nativa, de su vida marina, de la vida de nuestros bosques, nos lleva a preguntarnos.

¿Cómo está ese árbol hoy y quien lo protege? ¿Cómo conectamos con nuestras raíces?

La lucha también de esos árboles, la lucha por encontrarnos a nosotros también

Recorrrimos los Senderos interpretativos pudiendo sentir la fuerza de un océano tempestuoso como sólo el mar del pacífico sur puede ser, curioso de estos nuevos expectadores que estuvieron abiertos, receptivos, fascinados con tan hermosos paisajes.

Poder estar en un lugar que tiene una riqueza en su diversidad de alto impacto, las dunas, sentir los vientos que orientan y desorientan a la vez sin detenerse, nos invitaron a recogernos, a estar largas horas en la noche sólo observando el cielo, la luna roja cayendo como si fuera atardecer.

Llegar al alerce no fue tarea sencilla, nos encontramos con una empresa que ha talado por años y años ese bosque, en donde la comunidad Huilliches está excluída, literalmente marginada y eso fue doloroso de observar. Nos autorizaron la entrada al parque luego de conseguir un guía local, al cual le dieron la tarea de llevarnos en camioneta puntualmente al lugar y asegurarse de que saliéramos en los tiempos que ellos estimaban. Fue difícil conectar en esos momentos con el diseño de la jornada, ya que hubieron otros elementos como esta empresa, la comunidad excluída de este bosque, las cadenas para no ingresar en ciertas zonas donde aún talan, las cámaras dentro del bosque, realmente complejo e inesperado. Luego de una larga caminata llegamos a nuestro destino más importante, a este abuelo, a este ancestro, las expectativas quedaron totalmente olvidadas, la familia de alerces que tiene a su alrededor es mágica, y te invita a tocarlo, a sentirlo, a escucharlo, a estar.

Aquí estamos, sentados en este espacio del mundo observando una gran maravilla, rodeado de complejidades como la vida misma, que vive y está para compartir su gran experiencia, en un entorno en donde ha visto morir indiscriminadamente a otros de su especie.

Aquí estamos para llevar tu llamado a otros, para hacer un pequeño aporte a tu gran existencia y a la de tu comunidad. Para entender luego de un año a tu encuentro, el llamado de las raíces y la naturaleza del cambio.

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